Un café con... Catalina Murillo

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La guionista que compra el tiempo

*La libertad y el espacio para escribir son vitales para Catalina Murillo

 

Roberto García    

Desde que, por pura intuición, Catalina Murillo siguió a su amiga Hilda Hidalgo en la idea de ingresar en la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, La Habana, Cuba,  supo que su profesión sería la de escribir, un oficio que, al cabo de los años, si bien no la ha hecho millonaria, le ha permitido vivir de lo que ama y, lo más importante, disponer de su tiempo, un valor inconmensurable.

“Vivo de escribir guiones y ofrezco talleres por internet. También hago literatura; leo y aprovecho las oportunidades de asistir a talleres cinematográficos. Yo diría que soy una persona que compra su tiempo”.

Es guionista y, como tal, “partera”, ayudante de directores (as) en el génesis de plasmar historias en la pantalla. “Porque el guion pasa, necesariamente, por el arte de contar, un afán que me acompaña desde la niñez. Recuerdo que en la primaria, cada vez que nos ponían a redactar, me sentía realmente ilusionada”.

Está convencida de que el fenómeno cinematográfico es consustancial a las historias, independientemente si se trata de ficción o documental.  “No en vano, documentalistas de trayectoria, como Carles Bosch, con quien recién recibimos un taller organizado por Cinergia, lo primero que este maestro catalán pidió a los participantes fue: ‘Cuéntenme algo’. Y, acto seguido, Boch confesó ser un documentalista que se nutre de la ficción. Además, expresó algo  que yo escribiría en piedra: ‘Si bien es cierto que una imagen habla más que mil palabras,  unas pocas palabras pueden ahorrar mil imágenes’”.

Egresada de la Escuela de Ciencias de Comunicación Colectiva de la Universidad de Costa Rica, Catalina Murillo  pertenece a una generación de periodistas como Hilda Hidalgo, Edgar Silva, Adriana Durán y Gabriela Hernández, entre otros (as).  En 1991 conformó el grupo de estudiantes costarricenses que consiguió matricularse en la Escuela de San Antonio de los Baños, lo mismo que Rogelio Chacón, Federico López, Hilda Hidalgo, Gabriela Hernández y Felipe Cordero. “Por mi inclinación profesional al cine, mis amigos me choteaban. ‘Estudiar cine para trabajar en Costa Rica es como prepararse para formar parte de la marina en Bolivia’, decían.

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Catalina Murillo, guionista costarricense 

“Pero, ya ves, volvimos al país y a partir de la incorporación de Rogelio Chacón como director del Centro de Cine, en 1994,  contribuimos a forjar una  época en el proceso creativo y de producción del cine costarricense. Además, gracias a Oscar Castillo, quien me integró al equipo de guionistas en teleseries pioneras, como El Barrio y La Pensión, pudimos aprender en la práctica, que es la mejor manera de formarse, sobre todo por la influencia de maestros como  Gabrio Zapelli y Sergio Román, con quien, de vez en cuando, me tomo un cafecito.

“La contratación de Gabrio fue un regalo maravilloso que nos hizo Oscar, un acto de generosidad. Con Gabrio aprendimos directamente sobre el papel, pues a pesar de nuestra formación en la  escuela de Cuba, es la práctica la que da las pautas de trabajo.

“Por cierto. Con Zapelli confirmé que lo mío es el guion, y no dirigir. Supe renunciar a tiempo a la dirección cinematográfica, pues miro con los oídos. Y lo digo en serio. ‘Usted es muy buena dialoguista. Y eso es algo que se tiene o no se tiene’, me comentó Gabrio en una oportunidad. Y bueno, soy más de oído. Me impresionan y se me quedan las frases que alguien pronuncia, más que la expresión del rostro que las pronuncia. Esa característica de mi ser, me perfiló hacia el guion”.

--¿Se puede afirmar que el guion es la expresión técnica de la prosa?

--“Esencialmente, un guion es contar, pero, ¡atención!, existe una técnica para hacerlo. En la literatura, las mejores frases no se pueden transferir al audiovisual. Por ejemplo: Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento… Eso no es posible plasmar así  en un audiovisual. Si lo hacés, le quitás la magia al texto. Y, de verdad, en realidad se puede considerar al guion como una transformación del texto a otro lenguaje”.


--Se dice que una de las debilidades del cine costarricense, es el guion…

--“Es cierto. Por dicha, cada vez más, los cineastas del país recurren a los servicios del guionista.  No es el guionista el que va a crear --ni a robar-- la historia del director. La historia es del autor, lo que el guionista hace es ayudar en cómo contarla. Yo, en calidad de guionista, no soy la dueña de las ideas. Soy partera; es decir, aporto al autor o al director para que su historia funcione en la pantalla”.

--También hay quienes opinan que los textos reposan. ¿Es así?

--¡Claro! No hay nada mejor que escribir un guion y, después de un tiempo, hacer la relectura.  Una escribe un guion y en la primera versión, los personajes expresan lo que la guionista quiere que digan. Mas, cuando el texto ha reposado y se retoma más adelante, los personajes evolucionan y dicen lo que ellos quieren”.

Ha escrito dos novelas: Largo domingo cubano y Marzo todopoderoso, además de un par de  textos inéditos; uno terminado y otro al que le falta “un empujoncito”, según comentó.

Tras distintos períodos en Galicia y Madrid, actualmente Catalina Murillo radica en Cahuita, Limón, junto con  Marcel Juin, su marido. Cuando se conocieron, Marcel, de nacionalidad francesa, llevaba 20 años en España. Ahora, dueña del tiempo, en el paisaje natural del sabor caribeño y de los ritmos ancestrales, esta guionista costarricense vive, observa, escucha y sueña… Para escribir. 

   

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