Preámbulo de un viejo sueño

 

café con

* Jurgen Ureña examina el paso previo a la Nueva Cinemateca Nacional

Roberto García, entrevista y redacción                                          

Fabiola Ureña, fotografía y diseño.

José Bermúdez, montaje.

Es cineasta y cinéfilo; es joven y experimentado. Su pinta delata al creador cinematográfico. De  trato amable, por lo general sonriente, Jurgen Ureña es  un observador cotidiano que suele mirar, introspectivamente, en su entorno y a través del obturador.

Al estilo  de sus antiguos colegas de la nueva ola francesa, algunos de los cuales hacían el cine con la máquina de escribir, al sentarse ante el teclado, en la silla del director o  en una butaca, Jurgen no enfrenta contradicciones entre cinefilia y vena creativa, rasgos que, según opina, lejos de distanciarse, se acercan esencialmente.  “Mi trabajo como cinéfilo y mi labor como cineasta son complementarios, pues la investigación y la escritura sobre el séptimo arte son, en realidad, dos maneras de hacer cine.

“Hay una especie de espejo entre el guion y la crítica cinematográfica. Una frase sobre este asunto dice: Así como  el guion nos permite acercarnos a la película que será, la crítica nos permite acercarnos a la película que es. De manera que estas dos áreas, que a veces se entienden como ejercicios distanciados --tanto que de pronto  los cineastas y los críticos parecen destinados a caminar por aceras opuestas, lanzándose piedras de un lado al otro--, en mi experiencia particular ha ocurrido lo contrario”.

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Jurgen Ureña, curador y programador de Preámbulo

Precisamente, dos proyectos audiovisuales ocupan el tiempo de Jurgen Ureña: Preámbulo Hacia una Cinemateca Nacional, y el próximo estreno de  Abrázame como antes, su segundo largometraje. En este café a media tarde, el cineasta, designado por Max Valverde para concretar, junto con el equipo, humano y técnico, del Centro de Cine, el proyecto  Preámbulo hacia una Cinemateca Nacional, desgrana en palabras los alcances de un viejo anhelo.

El clic de la cámara fotográfica de Fabiola Ureña en el vestíbulo de la Sala Gómez Miralles, hace las veces de un efecto imaginario que nos motiva y nos introduce, con mayor realismo, en el tema-cine, tan apasionante y estimulante como el café negro que Jurgen saborea en una jarra blanca con la imagen de Jean Luc Godard.

 

--¿Cómo nació la idea de Preámbulo?

-- Hace algunos meses, cuando nos enteramos de que la restauración y puesta en funcionamiento del Cine Variedades, se iba a demorar, Max Valverde tuvo la iniciativa de plantear el arranque de un proyecto de cine y análisis, y que lo hiciéramos en la Sala Gómez Miralles, con la idea de que, en el momento en el que el Variedades esté habilitado, instalar ahí la sede de la Nueva Cinemateca Nacional.

“Así las cosas, Preámbulo es una especie de proyecto experimental,  un proceso de prueba. Digo ‘experimental’ con ánimo positivo. En el mejor de los casos, esta etapa será la transición para albergar de modo más efectivo la sala de cine que ya está destinada para la sede de la Nueva Cinemateca Nacional, como será el recinto histórico del Cine Variedades. Y, bueno, en el peor de los casos, la Sala Gómez Miralles quedará debidamente acondicionada para que, quizás por primera vez, sea realmente una verdadera sala de cine; pequeña, pero funcional y acogedora. Ese es el preámbulo que imaginamos.

“Si bien es cierto ya existió en el país una cinemateca nacional, nos interesa ahondar en las causas por las cuales el antiguo modelo no funcionó, por qué no continuó, qué se hizo bien y qué se hizo mal, con el fin de recopilar la experiencia y convertirla en caudal, para que sirva de insumo del nuevo proyecto. Podría sintetizar el concepto diciéndote que la idea de Preámbulo es darle un lugar al proyecto de la nueva Cinemateca Nacional”.

--¿Decir cinemateca es, necesariamente, un  lugar?

--Hay muchas formas de entender el concepto de cinemateca. Se pueden encontrar modelos contemporáneos en los que no existe un edificio y el concepto de cinemateca se trabaja de otra manera. Sin embargo, en su concepción clásica, la cinemateca no solo requiere de un espacio, sino que, idealmente, necesita un espacio arquitectónico con una cierta significación. Y el Variedades cumple plenamente con ese propósito.

“Es algo similar a lo que representa, por ejemplo, el Cine Doré, sala de la Filmoteca de España, en la calle Antón Martín, de la ciudad madrileña. El Cine Doré tiene una fachada similar a la del Variedades. Entonces, uno siente que tanto en el Doré como en el Variedades, hay una concordancia del proyecto con el espacio. La gente identifica una línea arquitectónica, los elementos que forman parte del edificio. Hay una memoria que refiere el sitio, como los carteles del Variedades que hemos colocado en el vestíbulo de la Gómez Miralles. Eso tiene un gran valor; recuperar ese patrimonio y mostrarlo es realmente importante”.

 

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Jurgen Ureña, curador y programador de Preámbulo

 

El café con Jurgen Ureña derivó hacia otros tópicos de un mismo tema; es decir, el fenómeno cinematográfico desde la óptica del entusiasmo y la vitalidad que percibe este director en los jóvenes creadores audiovisuales del país.

“Tengo la impresión de que en la práctica cinematográfica nacional, durante mucho tiempo ha habido mucha división, y las relaciones no han sido necesariamente fluidas. Sin embargo, en las generaciones más jóvenes identifico una capacidad de trabajo muchísimo más armoniosa y solidaria. Y yo he querido aprender de eso”.

--Es decir, vos, con tu experiencia, ¿te nutrís de la savia nueva?

--Creo que generaciones anteriores a la mía, e incluso la mía, no supimos entender qué significaba eso de “el cine es un ejercicio colectivo”.   Y se volvió un oficio personalizado en demasía.  Se entendía como algo que se hacía en soledad. De las generaciones más jóvenes, muchachos que incluso son mis estudiantes en la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Véritas,  he aprendido lo contrario.

“A raíz de ese contacto con la nueva generación, he ratificado que el cine es un oficio colectivo  y que es posible hacerlo con fluidez, con empatía con el oficio; o sea, se puede disfrutar más del quehacer cinematográfico si se logra hacer colectivamente, si se ajustan las piezas que hacen que el trabajo colectivo funcione”.

--¿Cómo se las arregla un cineasta con el duendecillo que llaman Ego…?

--El ego es muy importante, nos permite saber que es necesario dedicar toda la energía a un objetivo, pero también es saludable ejercitar la doble mirada. Por un lado, eso que yo estoy haciendo es importante. Pero, por otro lado, si no se hace, tampoco le cambia la vida a nadie ni sobreviene el fin del mundo. El trabajo con otras personas lleva a dimensionar las cosas. Creo que si  logro laborar en armonía con los demás; no pasarle por encima al que está a la par; escucharlo, para saber qué tiene que decir, si eso se consigue, el trabajo es más satisfactorio como proceso.

“Cuando uno viaja o vive un tiempo afuera, se manifiesta una relación de cercanía—lejanía con el país, una ecuación que ayuda a no extraviarse, a no creerse el inventor del agua tibia.

“Si el cineasta no tiene ese cuidado, corre el riesgo de perderse en este en ecosistema excesivamente halagador, en el que hay premios para todo. Entonces, cada dos o tres pasos, hay quien te da una palmada en la espalda y te da un premio. Y un segundo y un tercero y un cuarto. Eso, en nuestro contexto está sobredimensionado, excesivo. Y afecta, sin duda”.

--Pero, lo afirma uno de los cineastas más laureados de nuestro medio…

--Es probable que  los premios me hayan producido una especie de sensación agridulce. Tal vez porque yo mismo  asumí  que  servían para algo, más allá de la vanidad, del elogio, de la complacencia o de la autocomplacencia. Quizás, porque efectivamente aparecían con una cierta regularidad, en determinado momento de mi vida, me di cuenta de que uno, dos o tres, no significaban algo muy distinto y es probable  que alguien, por una especie de construcción social, crea que si  obtiene tal premio, eso le va permitir hacer algo mejor o abrir nuevas puertas.

“Pero, la verdad es que si ocurre, sucede muy poco. Al menos, esa ha sido mi experiencia. Ahí es donde siento que .hay algo truculento, un poco tramposo, en ese ecosistema  del que estamos hablando. , en el que el elogio abunda. Claro que  el reconocimiento del trabajo no tiene nada de malo, pero tampoco conduce a nada.

“Es algo así como un círculo vicioso que no representa, necesariamente, un avance, una modificación o un desafío en el proceso creativo. En muchos casos ocurre al revés, y ahí es donde identifico  ese mecanismo perverso. Después de darte cinco palmadas, este señor queda inhabilitado, congelado, por el peso de esas cinco palmadas.

“Las muestras de cine y los festivales son un buen ejemplo de ello, y muchos de los jurados internacionales que hemos tenido lo han cuestionado claramente. Esa mirada desde fuera es importante y hay que ponerle atención.”

La taza blanca con el ícono de Jean Luc Godard quedó semivacía en la mesita de los muebles rojos de la Gómez Miralles. Como ocurre con las buenas conversaciones, abundaban tópicos y faltaba el tiempo. Joven, por siempre afable y experimentado, claro y sincero, como el cantar de Guantanamera, Jurgen Ureña se despidió con la promesa de otro café, cuyo tema central será el inminente estreno de Abrázame como antes, su segundo largometraje. taza

   

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